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Como influyen los Padres en el
AUTOESTIMA
del niño DR. JORGE ORDÓÑEZ ANIMAS " DUDAS CON MI MEDICO" Uno de los errores que tienen los padres, es preguntar a uno de sus hijos “¿Por qué no puedes ser educado como tu hermano?” “¡mira a los demás niños no les da miedo la montaña rusa y a ti si!”, “a tu edad yo sacaba puro diez “, y es cuando uno se pone a pensar el poder que tenemos sobre nuestros hijos. Cada niño es diferente y no debemos confundir la baja autoestima con riesgos de su personalidad, tratando de reflejar una perfección o una ilusión, forzando a los hijos a realizar el sueño de los propios padres. La autoestima es el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos nosotros, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad. Esta se aprende, cambia y la podemos mejorar. Es a partir de los 5-6 años cuando empezamos a formarnos un concepto de cómo nos ven nuestros mayores (padres, maestros), compañeros, amigos y las experiencias que vamos adquiriendo. Una revisión reciente de la literatura sobre la relación entre la familia y el desarrollo social y personal de sus hijos muestra la importancia de un papel activo de la familia en una variedad de tareas relacionadas con el compromiso y el auto cuidado. Cinco tareas de compromiso parecen particularmente importantes:
La búsqueda de la propia identidad que se da en los niños y más frecuentemente en los adolescentes, se crea a raíz de identificar actitudes y conductas de los propios padres, aceptarlos como propios e incorporarlos en su esquema de personalidad. Así, el hijo actuará como actúan sus padres con respecto a él y con respecto al prójimo. Si un hijo percibe que es querido y estimado tal y como es, con sus valores y sus defectos, identificará esto, e incorporará esta estima externa que se le tiene y la convertirá en su “autoestima” Estrategias para fortalecer la autoestima en los niños. Como padre, como educador, intente siempre elogiar los éxitos de los niños. Se gana más con una cucharadita de miel que con un cántaro de hiel. Refuerce los logros aunque éstos sean mínimos aparentemente. Demuestre cariño de una forma natural, auténtica, sincera. Exprese y haga saber verbalmente su sentimiento. Su hijo lo necesita. Es mejor sugerir a los niños qué cosas pueden y deben hacer, en lugar de ordenar lo que no deben realizar o lo que les queda prohibido,. La actitud positiva prepara cognitivamente al niño para hacer las actividades que se le propongan. En lugar de: No juegues aquí con esa pelota, dígale; En el patio puedes jugar con la pelota. En lugar de No maltrates al perrito, dígale; Juega con tu mascota con más cuidado, también sienten el dolor cuando es maltratado. Deje claro y haga saber a los niños que sus errores son una parte natural del crecimiento. Todos, incluyendo los adultos, cometemos errores. Pero hay que cometer los menos posibles. No enfatice los fallos. Refuerce los éxitos. Siempre que pueda procure ignorar o no dar demasiada importancia a las conductas infantiles cuando son discretamente desadaptadas: rabietas, etc., busque un momento adecuado, y en un aparte, manifieste su descontento, pero procure no afear la conducta de modo público. Muestre agradecimiento a sus niños cuando éstos cooperen cuando le ayuden, cuando se expresen de buena forma hacia los demás, cuando obedezcan y reaccionen de forma positiva. Acuérdese que se necesita tiempo y práctica para aprender nuevas destrezas. Los niños aprenden conductas novedosas de forma progresiva, no todas a la vez.
Responda
con cariño y refuerzos verbales cuando los niños se portan bien.
Explicite con franqueza qué fue lo que le gustó de su comportamiento.
Acepte y respete la familia y cultura de cada niño. No hay dos niños iguales. Todos son únicos. Sugiera actividades que los niños puedan superar con facilidad. Cuando un niño se porte mal, aprenda a separar el mal comportamiento de la personalidad de niño. Dígale por ejemplo: No me gusta cuando tiras los juguetes, pero todavía me gustas como persona. Sé que lo harás mejor mañana. Muchas de las ocasiones vemos a los hijos como personas adultas, cuando la madurez del niño todavía no ha alcanzado su plenitud, hay tiempo para todo pero todo debe ser a su tiempo.
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